
Cuatro vueltas de llave a izquierdas y un rechinar de bisagras.
Dentro, di la luz, una amarillenta bombilla apenas alumbraba el lugar. El suelo era de cemento, bastante sucio. Las paredes dejaban entrever que un día lucieron blancas y radiantes, hoy cubiertas de polvo visten tonos amarillentos y grisáceos.
Hace mucho frio aquí dentro y el aire huele a mohoso.
No hay mucho que inventariar…
Una estantería metálica junto a la pared acumula decenas de cajas de cartón llenas de viejos recuerdos. Alguien las bajó hasta aquí y se ocupó de precintarlas bien para conservar su contenido, me temo que la humedad del lugar ha deteriorado bastante el cartón, espero que no se halla estropeado nada.
Cruzado de brazos suspiro mientras miro a mi alrededor.
¿Cuánto tiempo hace que no se ventila este lugar?
Creo que antes de ponerme a abrir cajas voy a limpiar un poco.
Así al menos podrá volver a latir…
Sí, bajé las escaleras que llevaban hasta mi corazón, desolador panorama ¿no?
¿Cuánto tiempo hace que no visitáis el vuestro?
He decidido ventilar todo esto, le daré una mano de pintura para que luzca guapo, esas roñosas estanterías llenas de cajas…
Estoy seguro de que debería tirar más de la mitad de lo que hay dentro.
Y así lo haré.
Querida amiga, sabes que lo intenté, hubiese ido a cualquier lugar del mundo si me lo hubieses pedido. Aposté muy fuerte y lo perdí todo.
Ya no importa.
En el siglo XXI hasta los trenes del destino son de alta velocidad y el mundo no espera por nadie. Estuve allí, nunca fuiste a la estación.
Ya no importa.
Hoy, desperté alegre, contento conmigo mismo, no entiendo porque tengo esta sonrisa indeleble en mi cara. Hasta hice una locura enviando un mensaje a otra chica.
¿Y tú?
Ya no importa.
Amigo Sancho, tenías razón. No eran gigantes…
Molinos sobre un cristal, sobre éste en el que de vez en cuando me da por escribir. Siento haber tardado tanto en volver. Salí a dar un largo paseo, quería ver el mundo desde el otro lado.