
Acurrucada entre mis brazos respirabas tranquila mientras dormías. Los huecos de la persiana dejaban filtrar la suave luz de las farolas en la madrugada, levemente iluminaban nuestra habitación, suaves, pero suficientes como para distinguir tus ojos cerrados y tu apacible descansar. Despacio, acaricié tu brazo desnudo y seguí contemplando tu belleza, mientras, poco a poco me iba quedando dormido y comprendí que aquel instante mágico era el principio de una…
-Disculpe señor… ¿Podría mostrarme su billete?
Amablemente me despertó el revisor, sí, debo reconocerlo, el sonido del tren me arrulla y a veces suelo dar alguna cabezada mientras viajo.
Sonriendo pedí perdón a aquel señor y en silencio admiré su paciencia, me pregunto cuantas veces le habrá pasado esto. En fin, picó mi billete y se marchó dejándome con la mirada fija en la ventanilla.
Sin duda, un sueño precioso el que tuve hoy…
Cuando llegue a casa lo dibujaré en mi viejo cristal, no quiero dejarme ni un solo detalle, no quiero olvidar jamás ese momento.
-Disculpe señor… ¿Podría mostrarme su billete?
Amablemente me despertó el revisor, sí, debo reconocerlo, el sonido del tren me arrulla y a veces suelo dar alguna cabezada mientras viajo.
Sonriendo pedí perdón a aquel señor y en silencio admiré su paciencia, me pregunto cuantas veces le habrá pasado esto. En fin, picó mi billete y se marchó dejándome con la mirada fija en la ventanilla.
Sin duda, un sueño precioso el que tuve hoy…
Cuando llegue a casa lo dibujaré en mi viejo cristal, no quiero dejarme ni un solo detalle, no quiero olvidar jamás ese momento.