
Del viento a la tempestad ¿y ahora? Aquí estoy, en mitad de una incertidumbre cabrona cargada de fantasmas que desvelan mis sueños y se ocupan cada alborada de dibujar bien hondas mis ojeras, de agravar mi cansancio y joderme en cada minuto de cama para recordarme que soy tan humano como me temía. No hay titanes entre mis ropas y mi piel sabe bien cómo hacer para que el frío coquetee con mis huesos.
Si, aquí estoy, soportando la paradoja de una calma inquieta, esperando a que de una vez se desaten mis tormentas. Con miedo y ganas de que alguno de esos rayos caiga y reduzca a la nada mi mascarón de proa.
Y si al final naufrago, que las mareas me dejen bien lejos. Allí, donde acaban los recuerdos de las tardes de enero, lejos, en el rincón preferido del tiempo, donde las imágenes se convierten en sonrisas.
Hoy, totalmente desnudo, y sin ropa, he venido a enfrentarme a mis fantasmas. A portar las armas que yacían dormidas.
¡Aquí estoy, os declaro la guerra!
Pero por favor… uno por uno, dadme al menos la oportunidad de “portarme como un hombre”.