EL COLOR DE LA LUNA

-¿De qué color es la tristeza? Preguntó la estrella al cerezo.
- Es del color que toma el mar al acostarse el sol en su regazo. Un color azul oscuro, salvaje.
-¿De qué color son los sueños?
-Los sueños son del color del crepúsculo.
-¿De qué color es la alegría?
-Del color del mediodía, mi pequeña estrella.
-¿Y la soledad?
-La soledad es de color violeta.
-¿Y el cariño? Olvidaba preguntarte de qué color es el cariño.
-Del color de los ojos de Dios. Respondió el árbol.
-¿De qué color es el amor?
-Del color de la luna cuando hay luna llena.

ALKYONI PAPADAKI

viernes, 14 de agosto de 2009

HISTORIA DE UN DESCEREBRADO


- Veinte con setenta y cinco, caballero.


Pagué la carrera y apenas me despedí con un ligero gesto amable hacia aquel taxista.


Sin duda otra noche fría en este eterno invierno. Las luces traseras del taxi se pierden poco a poco, como devoradas por las insaciables fauces de la ciudad. Sin embargo, el callejón que conduce hasta mi portal está siempre vacío. Mientras suspiro, coloco mi sombrero y con ganas de llegar a casa hago sonar mis pasos esquivando cuidadosamente los charcos. Número seis, quito B y la cerradura falla como siempre…


“Dos vueltas de llave hijo, no lo olvides, siempre que salgas cierra bien la puerta”. Tantas veces lo repitió mi madre que hoy ya lo hago sin darme cuenta.


Estoy en casa. Mi apartamento no es ningún palacio, más bien, todo lo contrario. Es pequeño, viejo y normalmente poco ordenado. No tiene mucha luz, aunque eso me importa poco, aquí siempre es de noche. ¿El resto del día? Trabajo al otro lado de la ciudad, apenas me da para pagar el alquiler, pero aprendí a conformarme también con eso. Supongo que nunca fui un ganador.


Dejé mi sombrero y mi abrigo en el perchero, están empapados. Me descalcé y me preparé un té muy caliente. Sentado en el sofá, discuto con mi cabeza mientras me hablo de ti. ¿Cómo he podido ser tan idiota? Yo y mi mala costumbre de tirarlo todo por la borda sin pensar ni un solo segundo en las consecuencias. Y… Sí, la estupidez del ser humano es infinita. Doy fe. En mi próxima vida me pido mueble, a ver si al menos me va mejor.


Hoy, después de un año sin vernos nos hemos vuelto a encontrar. Estabas preciosa, como siempre. Te debía un café cariño. De esos en los que se pide perdón y se dan explicaciones. Nunca conseguiré llenar todo el vacío que te hizo mi daño. Estoy tan arrepentido… ¿Cómo he podido hacer sufrir tanto a alguien tan dulce? A alguien a quien quise y quiero tanto…

En fin, ya no hay marcha atrás me explicabas mientras daba la hora en la que habías quedado con tu nuevo novio.


Ojalá él si sepa hacerte feliz. Yo… Lo siento, lo siento una y mil veces. Perdí el tren, quizás ya está muy lejos para poder alcanzarlo.


Vaya. ¿Cuándo fue la última vez que me dio por soñar? Creo que hace ya unos cuantos meses. Cogí el cristal entre mis manos, como siempre, quise dibujar en él.


Pero no… Esta vez no lo haré. Acabo de recordar que anoche, mientras dormía, me dijiste que ya no te gustaba soñar. Tal vez te recuerde a mí, lo entiendo.


Ya sabes, si algún día te apetece otro café o un té calentito. Mi apartamento está en el seis, quinto B.


Boas noites miña nena.

3 comentarios:

Käa dijo...

Qué lindo... echaba de menos colarme en este espacio...
Te veo nostálgico... ánima esa cara y no dejes de soñar

Un beso de hada

cuentosbrujos dijo...

cuan granes son los sueños y de que poquito espacio y tiempo disponemos para narrarlos
interesante relato mozo
saludos

La PrInceSa oLvidada dijo...

me gusta tu blog....