EL COLOR DE LA LUNA

-¿De qué color es la tristeza? Preguntó la estrella al cerezo.
- Es del color que toma el mar al acostarse el sol en su regazo. Un color azul oscuro, salvaje.
-¿De qué color son los sueños?
-Los sueños son del color del crepúsculo.
-¿De qué color es la alegría?
-Del color del mediodía, mi pequeña estrella.
-¿Y la soledad?
-La soledad es de color violeta.
-¿Y el cariño? Olvidaba preguntarte de qué color es el cariño.
-Del color de los ojos de Dios. Respondió el árbol.
-¿De qué color es el amor?
-Del color de la luna cuando hay luna llena.

ALKYONI PAPADAKI

martes, 7 de octubre de 2008

SU VIEJA CHAQUETA MARRÓN


Chsssss… Él siempre habla en bajito...

Conocí a un señor cuando yo era aún muy pequeño. Creo que apenas tenía uso de razón, pero bueno, que más da, tal vez todavía no lo tenga.

Mi amigo no es de aquí, pero puntualmente regresa todos los años. Siempre llega en silencio, sin hacer ruido. No entiendo porque me sigue sorprendiendo, por suerte, nunca falta a la cita.

Es ya muy mayor, aunque su pelo aun no llegó a cubrirse de blanco. Desde que era un niño le recuerdo entrar en mi casa con un maletón enorme lleno de recuerdos para todos, su sombrero granate y su vieja chaqueta marrón.

Hoy, desperté muy temprano. Al levantar la persiana pude contemplar como el cielo lucía de color grisáceo, daba igual. ¡Abrí de golpe la ventana y respiré con fuerza! Olor a tierra mojada…

Los bosques empiezan a ponerse su mejor vestido, se adornan de ocres rojizos y colores casi dorados. Se recogen. Se despiden hasta la primavera que viene. Tal vez este año también haga frio…

Sin duda, es una época muy entrañable. Pasado el verano, las familias se juntan de nuevo al calor del hogar. Atrás quedan ya las horas en la playa, los atardeceres en compañía de las risas de mis amigos. Las mangas cortas y las sandalias…

Los ancianos se empaquetan en sus abrigos. Mientras, con nostalgia, cuentan que cuando eran niños recogían leña para alimentar sus chimeneas y sus braseros de cisco.

Los paraguas se ponen de moda y los viejos castaños tiemblan al ver que las hordas de jovenzuelos aún no han perdido la vieja costumbre de saquearlos a pedradas.

Hoy, por la ventana veo llover. Mirando los campos ya agostados creo escuchar a todos esos árboles vestidos de gala como dan las gracias al cielo por saciar su sed.

Las aceras se cubren de hojas mientras mi madre refunfuña porque hace frío.

Yo, aquí, desde mi ventana, sonrío. Hoy regresa un viejo amigo.

Querido otoño, eres más que bienvenido…

sábado, 4 de octubre de 2008

LA SONRISA DE UN HADA


Más o menos ha pasado una semana. Llevaba un mochilón enorme y embarqué en un viejo autobús de dos pisos.

Destino…

Muy lejos de casa.

Sobre mis riñones doloridos, pesaban las horas del casi eterno viaje que me llevaba con la mente puesta en llegar a un lugar llamado Gaya Nuño.

Sin saberlo, muy cerca de mí, justo en el piso de arriba, viajaba ella.

Un hada.

Una de las de verdad, una de las que tanto había oído hablar cuando era pequeño. De esas que están cargadas de magia y su mirada puede iluminar hasta el día más oscuro. Es capaz de embriagar de felicidad el alma más seca y rancia solamente con su sonrisa. Ella tiene alas, sabe hacerte volar y llevarte a sitios que aun no han sido escritos pero con los que todos alguna vez hemos soñado.

Yo siempre creí en ellas. Todos esos cuentos que leí y me contaron cuando era pequeño…

Anoche, sin ir más lejos, vino a visitar mi habitación. Yo, ajeno a esa reunión dormía plácidamente soñando tal vez con sus palabras.

Sentada al borde de mi cama habló en bajito, susurrando mientras velaba por mi reposo.

Al despertar, la suave luz del amanecer invadía mi cuarto. Una ligera brisa matutina entraba por la venta que al marcharse dejó entre abierta, enfriaba la punta de mi nariz haciendo que me acurrucara entre mis sabanas.

En mis labios, una sonrisa.

Y allí, en el cristal empañado que utilizo para dibujar mis sueños, un mensaje de despedida en el que se leía claramente. “Un besito :D”.

Anoche, alguien me explicó que los sentimientos no tienen explicación.

Anoche soñé con todo esto.

Tal vez.

No hace mucho, conocí a un Hada.

viernes, 19 de septiembre de 2008

ADIÓS DULCINEA

Escaleras abajo está el pasillo que lleva hasta el almacén. Ancho y bastante iluminado, me condujo ante dos grandes puertas de hierro que custodiaban la sala donde tenía que hacer el inventario.
Cuatro vueltas de llave a izquierdas y un rechinar de bisagras.

Dentro, di la luz, una amarillenta bombilla apenas alumbraba el lugar. El suelo era de cemento, bastante sucio. Las paredes dejaban entrever que un día lucieron blancas y radiantes, hoy cubiertas de polvo visten tonos amarillentos y grisáceos.
Hace mucho frio aquí dentro y el aire huele a mohoso.
No hay mucho que inventariar…
Una estantería metálica junto a la pared acumula decenas de cajas de cartón llenas de viejos recuerdos. Alguien las bajó hasta aquí y se ocupó de precintarlas bien para conservar su contenido, me temo que la humedad del lugar ha deteriorado bastante el cartón, espero que no se halla estropeado nada.
Cruzado de brazos suspiro mientras miro a mi alrededor.
¿Cuánto tiempo hace que no se ventila este lugar?
Creo que antes de ponerme a abrir cajas voy a limpiar un poco.
Así al menos podrá volver a latir…
Sí, bajé las escaleras que llevaban hasta mi corazón, desolador panorama ¿no?
¿Cuánto tiempo hace que no visitáis el vuestro?
He decidido ventilar todo esto, le daré una mano de pintura para que luzca guapo, esas roñosas estanterías llenas de cajas…
Estoy seguro de que debería tirar más de la mitad de lo que hay dentro.
Y así lo haré.
Querida amiga, sabes que lo intenté, hubiese ido a cualquier lugar del mundo si me lo hubieses pedido. Aposté muy fuerte y lo perdí todo.
Ya no importa.
En el siglo XXI hasta los trenes del destino son de alta velocidad y el mundo no espera por nadie. Estuve allí, nunca fuiste a la estación.
Ya no importa.
Hoy, desperté alegre, contento conmigo mismo, no entiendo porque tengo esta sonrisa indeleble en mi cara. Hasta hice una locura enviando un mensaje a otra chica.
¿Y tú?
Ya no importa.
Amigo Sancho, tenías razón. No eran gigantes…
Molinos sobre un cristal, sobre éste en el que de vez en cuando me da por escribir. Siento haber tardado tanto en volver. Salí a dar un largo paseo, quería ver el mundo desde el otro lado.

sábado, 9 de agosto de 2008

A LA SOMBRA DE UN FAROL.


Hoy la tarde ardía. Pensaba obnubilado mil y una historias que contaros, la verdad, no hace mucho desde la última vez que escribí, pero me cuesta bastante estar callado.

Sobre una servilleta de papel apunté algunas ideas, sentado en esta mesa, a la sombra de un farol.

Tomaba un café, como siempre, fue entonces, me hallaba mirando hacia la puerta, como buscando una salida. Apareció ella.

-¿Qué haces aquí?- Pregunté desesperado y un tanto confuso a la vez.

-¿Cómo demonios te las apañas para encontrarme tan fácilmente?

Vienes a mi casa sin que nadie te invite y te acuestas cada noche en mi cama. Despiertas conmigo las siestas y te quedas al café y los bizcochos del desayuno, a veces cereales y normalmente un trago rápido para salir corriendo.

Si salgo con alguna amiga te molestas, te caen fatal mis colegas, no soportas mi trabajo, normalmente hablas mal de mi familia y tienes el valor de molestarme cuando más sosegado me encuentro.

Querida Soledad. Tomate esta entrada como una carta de despedida. Sé que no te irás, la verdad, nunca lo haces. Dicen que en pequeñas dosis eres recomendable pero yo ya me cansé de ti. Amante inoportuna que cantaba el "Gran Sabina", ¿Por qué no me dejas en paz? Enserio, ¡no te quiero!, ni siquiera eres mi tipo. Me entristece tu presencia, me agobia tu agonía, me puede tu no saber estar. Tu falta de educación, tu indiscreción y tu no guardar secretos. Eres la melancolía, la falta de fe, el vaso medio vacío y la paciencia venida a menos. La nostalgia, la imprudencia y a veces llanto tragado por intentar parecer fuerte.

Soledad… ¿Por qué?, ¿Por qué me acosas? ¿Por qué te empeñas en amarme? ¿Por qué me buscas cada tarde de verano? ¿Cada crepúsculo otoñal? ¿Cada amanecer de invierno? Regresas con las primeras lluvias de primavera y eres quien me recibe al volver de vacaciones.
Soledad, ¿por qué te fijaste en mí?

En fin…

¡ESPERA!, por favor, no te vayas. Ahora no, ya que estas aquí…

No sé, perdóname. Lo siento vieja amiga, pero llegas siempre de manera tan silenciosa… Hoy me asustaste y la verdad, no te voy a engañar, a ti no, me conoces tan bien...  ¿Sabes? Hoy no tuve un buen día.
Siéntate y pídete algo, invito yo.
¿Cómo te fue la mañana? Me temo cariño que hoy también lo pasaremos juntos. Aquí, en nuestro bar de siempre. Sentados, a la sombra de un farol.

lunes, 4 de agosto de 2008

POR FAVOR, SEÑOR CARTERO...


Email, Gmail, Hotmail, GPRS, MMS, MSN, SMS, X, Y, Z…

Al salir del "cole" caminaba rápidamente hasta casa. Nada más cruzar el umbral del portal corría hasta el buzón y estrellaba mi nariz contra el pequeño cristal que deja entrever si éste tiene correo. Cada semana, más o menos, carta de algún amigo o amiga dándome noticias sobre su existencia.

De repente, un día, la vida puso en mis manos un teléfono móvil. Pronto descubrí Internet y los servicios del correo electrónico, sin querer abandoné mi viejo cuaderno rojo, lo sustituí por esto que llaman “blogger” y los grandes libros de la historia ya están disponibles en formato digital. Hoy, solo se acuerdan de mí los banqueros y algún publicista despistado que todavía no entendió que el cesto que la comunidad de vecinos sabiamente colocó en la puerta de la calle está para algo.

Sé que parezco un viejo gruñón, no hago más que quejarme del progreso y la verdad, reconozco ser incapaz de vivir sin él. Voy a todos los lados en coche, llevo dos móviles encima, última y penúltima generación, mi memoria funciona gracias a una agenda electrónica, mi mesa escritorio está literalmente invadida por un ordenador y duermo acompañado de mptreses y cuatros.

Paradójico es el mundo al que sin querer nos estamos acostumbrando. No es que no me guste, pero debo reconocer que antes todo tenía un toque más romántico, un color más “Quijotesco”.

Busqué en el altillo del armario, ¡seguía allí!, una caja de zapatos donde guardo todas las cartas que un día recibí, Pensando en ti se me ocurrió empezar esta pero… La verdad, hace tanto tiempo que no escribo que apenas recuerdo como se hacía. He decidido que será de la manera más tradicional. Sé que así, al menos, no podre equivocarme. En fin, unas gotas de mi colonia que supongo ya habrás notado te recordarán a mí y sabrás, que efectivamente, esta carta es mía. Letra clara y legible, difícil en mi caso, lo siento, espero que no te sea duro leer lo que escribo y lo más importante, mucho cariño en cada palabra.

4 de agosto de 2008
Querida Jordana:
Hoy, al despertar, recordé tu olor, junto a mi almohada sonreí con la imagen que guardó mi memoria la última tarde que estuvimos juntos.
¿Sabes? Te echo de menos, y es posible que…

viernes, 1 de agosto de 2008

SIN PAPELES


El pasado lunes recibí una carta.

Me la hacía llegar la Agencia Estelar de Transportes.
Remite: Oficina Central del Cosmos.
Hoy escribo desde lo más profundo de mi indignación.
Decía así:
Estimado Sr. Fernando Arroyo Domínguez.
El motivo de ésta carta es para comunicarle que sus deseos están saturando la sección estelar de objetos perdidos y que al plazo de diez días se procederá a destruirlos completamente por el buen funcionamiento del sistema.
Reciba un cordial saludo.
O.C.C. Oficina Central del Cosmos.
¡SERÁ POSIBLE!
Claro que ahora lo entiendo todo, tantos años de mi vida pidiéndole deseos a las estrellas fugaces. Tantos años con la misma incertidumbre. ¿Dónde van todos esos deseos que pide la gente? ¿Quién se encarga de administrar todas las peticiones? Tantos años y ni una sola respuesta, ni un solo deseo cumplido. Sí, ahora lo entiendo todo…
Con las mismas llamé por teléfono a la oficina de atención al cliente para que me explicaran dónde estaba el problema.
Más de quince minutos escuchando musiquita y pasándome de un departamento a otro. Al final, al aparato, una chica, bastante agradable la verdad, me explicó cuál era la raíz del problema. El día que yo nací había huelga de funcionarios. Alguien traspapeló mi ficha y a día de hoy no estoy en ningún registro.
Ya veis. Soy un ilegal del cosmos…
Al menos tiene solución. Ayer escribí una carta a la Central para actualizar mi base de datos.
Estoy sentado, mirando al cielo esperando que pase una estrella fugaz para poder enviarla, espero no tardar mucho en verla. Me han dicho que en agosto cogen vacaciones allí arriba… No sé, aun tengo esperanzas de poder solucionarlo.
Se despide con afecto. Un hombre al que nunca se le cumplieron sus deseos.

martes, 29 de julio de 2008

DESAYUNOS CON VISTAS AL MAR


¿Cómo se explican los sentimientos?

Es curioso, yo, enamorado de una isla.

Hoy, vacío.

¿Será esto a lo que llaman morriña?

Tierras cargadas de magia, bosques de helechos y eucaliptos, aguas frías y cristalinas…

Lo primero que hice fue desenterrar mi trocito de alma. Seguía allí, donde la dejé por primera vez.

Curioso fue mi retorno. No viajé solo como esperaba. Algunos de los que considero hermanos me acompañaban, otros se vieron obligados a quedarse. Creo que una parte de mi también los llevó conmigo.

Eran las doce de la noche, un puñado de mochilas, cinco tiendas de campaña, seis amigos y una aventura por vivir. Al llegar a la estación nos aguardaba una grata sorpresa, allí estaban todos. Esperaban para despedirnos.

Risas, nervios y al final… Llegamos, nada había cambiado. Todo estaba igual, justo como lo deje la última vez.

Los días pasaron muy rápido, quizás demasiado, pero a quien voy a engañar, las vacaciones son así para todo el mundo.

Antes de partir, una chica me pidió que a mi regreso le contara todo lo que había sentido al estar allí. La verdad no sé por dónde empezar, felicidad tal vez, ganas de quedarme para siempre, paz, me sentí yo mismo, me sentí tal y como soy.

Como diría una gran amiga, “Siempre el mar”.

En fin, una nota antes de despedirme. Siento tardar tanto en escribir.

Cerré mi blog por vacaciones.